 Verdes matizados con marrones; turquesas que apenas se insinúan; esmeraldas en combinaciones diferentes, más flores y líneas geométricas, todo está permitido cuando se trata de pintar los ambientes; no habrá que olvidar la incidencia de la luz solar y el mobiliario disponible.
Ha llegado el momento de imaginar el color. ¿Por dónde comenzar? Quizás habría que incorporar los colores de la naturaleza o elegir ese tono que simplemente nos da paz ¿Será el momento de recuperar ese colorido recorte de una tela que se guardó durante años como un tesoro? Parecería que todo es válido al elegir los colores y que el secreto está sólo en tomar ciertos recaudos al incorporarlos a la casa. Pero dejemos hablar a los profesionales:
Según Marcela Rela, "debemos evaluar superficies, volúmenes, intensidades, incidencia de la luz solar, entorno y piezas existentes. Un sinnúmero de variables para que el collage resulte el adecuado". El estudio San Martín/Rela partió del emplazamiento geográfico: "El exterior se filtra por los ventanales, y el agua circundante de la laguna derrama sus reflejos sobre todo lo que la vista alcanza. Elegimos un verde matizado con marrones y bronces para que el adentro y el afuera se amalgamen", comenta. Lograron de esta forma evitar la recreación de un ambiente "artificial" que, combinado con la madera, genera un contrapunto con lo etéreo del verde, arraigándolo tal como se produce en la naturaleza: tronco y follaje, tierra y agua. La sensibilidad y capacidad de definir la identidad de este espacio que deja huella y en el que nada perturba ni resulta adulterado lo hicieron merecedor de la Mención Suvinil al Mejor Uso del Color.
El primer premio de Suvinil fue para la suite de Estudio V, donde una pared toma protagonismo con un mural de líneas curvas que remiten a la estética de los años 60 y 70: todo en colores vivos como magenta, verde lima y turquesa, que bajaron intensidad al combinarlos con arena, gris, marrón y blanco en el resto del ambiente. Para Loli Villar, "una buena idea es tomar un color como hilo conductor e ir llevándolo por todos los ambientes de la casa, armonizando los diferentes espacios".
Esta idea se observa en las enormes macetas de la terraza exterior, que reproducen el diseño del mural y se reflejan en los espejos de la suite. Algo similar sucede con la propuesta de Grace Devecyan, que en su Refugio Esmeralda parte de ese color. "Para mí, representa el océano y siempre irradia alegría", dice. Grace diseñó especialmente un empapelado con base verde esmeralda y orquídeas en coral para el hall, y de allí partió hacia cada uno de los tres dormitorios, donde utilizó el esmeralda en tres combinaciones, pero que, al conservarlo como base, armonizan el conjunto.
En cambio, Milagros Pereyra Lucena tenía una caja llena de empapelados traídos de un viaje a Nueva York, sumamente coloridos, con flores y estampas geométricas, y no se le ocurrió nada mejor que realizar un patchwork en la pared del lavadero. Y acertó: acceder a la casa y pasar por el lavadero resulta una delicia, dan ganas de quedarse y dedicarse a las tareas hogareñas, porque es alegre y divertido.
Hay que animarse al color. Hay que armonizar, pero sin saturar. Hay que dar siempre la nota original y el tono acertado para aportar algo de humor, romanticismo, nostalgia, o tal vez rendir homenaje a la naturaleza, que hoy todos queremos recuperar, porque con el color se puede llenar de emociones el adentro, este lugar único del planeta que habitamos.
Fuente: Diario La Nación Noticias de Suplemento Countries |